En esta publicación la psicóloga Catalina nos habla sobre la doble excepcionalidad y sus impactos en la vida adulta.
La doble excepcionalidad es una condición poco común que ocurre cuando una persona tiene, al mismo tiempo, grandes habilidades en ciertas áreas y, además, enfrenta alguna dificultad o discapacidad, como puede ser el déficit de atención o el autismo. Aunque estas características son raras por sí solas, su combinación crea un desafío especial que requiere evaluaciones cuidadosas y formas de apoyo adecuadas.
Las personas con doble excepcionalidad suelen tener una combinación de fortalezas y dificultades que no siempre se manifiestan de manera evidente. En el caso de niños, niñas y adolescentes, puede ser común que pierdan el interés en las clases, se sientan distintos a sus compañeros, o se aburran fácilmente con tareas que no les resultan estimulantes. Además, es frecuente que enfrenten emociones como la frustración o tristeza y que muestren conductas impulsivas o rebeldes. También se ha visto que quienes combinan altas capacidades con dificultades para concentrarse tienden a tener una imagen más negativa de sí mismos y a sentirse menos satisfechos en comparación con aquellos que solo poseen habilidades excepcionales. Sin embargo, esas habilidades también pueden servirles como un “escudo protector”, ayudándoles a ver el lado positivo de sí mismos y a encontrar formas de enfrentar mejor los desafíos de su entorno.
Uno de los grandes retos que plantea la doble excepcionalidad es que las fortalezas de la persona pueden ocultar o disimular sus dificultades, y viceversa. Esto hace que el diagnóstico y el apoyo lleguen tarde en muchos casos. Este desafío se complica aún más debido a que los métodos actuales de evaluación no siempre logran capturar toda la complejidad de la doble excepcionalidad, lo cual limita el acceso a los recursos de apoyo y las intervenciones necesarias.
En el caso de los adultos con doble excepcionalidad y dificultades de atención, aunque no siempre tengan problemas académicos, suelen presentar patrones de conducta poco efectivos, como centrarse demasiado en ciertos temas, posponer tareas hasta el último momento, y ser muy conscientes de sus debilidades. Esta combinación puede llevar a problemas emocionales, ansiedad o incluso depresión. En la experiencia clínica, es común que los adultos reciban este diagnóstico cuando buscan ayuda por problemas de concentración o tras vivir repetidos fracasos o frustraciones en el ámbito académico o laboral. A menudo, se sorprenden al conocer sus resultados en pruebas de inteligencia, pues no esperan destacar en áreas específicas. Es probable que muchas personas con doble excepcionalidad permanezcan sin ser identificadas, enfrentando sus desafíos sin conocer su condición y sin acceder a la ayuda que podría mejorar su calidad de vida.
Identificar la doble excepcionalidad en cualquier etapa de la vida es fundamental para el bienestar y la salud mental de quienes la presentan. Un diagnóstico adecuado permite que estas personas comprendan mejor sus fortalezas y debilidades, facilitando el acceso a apoyos específicos que les ayuden a desenvolverse de manera plena en los ámbitos académico, laboral, social y emocional. Reconocer la doble excepcionalidad a tiempo puede prevenir la aparición de problemas de autoestima, ansiedad y frustración, al ofrecer estrategias personalizadas que se adapten a sus necesidades y promuevan su desarrollo integral. Así, la identificación temprana o en la adultez permite reducir los desafíos diarios y brinda una base sólida para que cada persona logre alcanzar su máximo potencial, en un ambiente que respete su singularidad y valore sus talentos.